Tras años de deambular por otras razas, conocí los presas canarios a través de un anuncio en el periódico. Al otro lado del teléfono encontré una voz amable que me invitó a visitar su finca y ver sus perros.
Mis ojos no habían visto antes cosa igual, perros con una estampa increíble y dosis de carácter por doquier. Justo lo que yo estaba buscando.
Antonio, del criadero King Zulú, fue quién me vendió a mi primer presa canario hembra. En referencia al color de su pelo la puse su nombre: Tigra.
Tigra colmó todas las expectativas que tenía puestas sobre lo que debía de ser un perro de guarda. Una perra alerta a más no poder, extremadamente vigilante y con una actitud hostil ante toda persona ajena a mi casa y mi familia.
Desgraciada y repentinamente Tigra nos dejó más pronto de lo previsto. Sentí muchísima pena tras su pérdida y, pese a haber jurado que no volvería a tener más perros, tras su muerte cogí aún con más fuerza mi afición y me embarqué en una nueva etapa presera.
Gracias a ti, Tigra, por los buenos momentos que me diste y a Antonio por proporcionármela.

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